Especiales

Parche a la Excelencia

Tardes dominicales son tardes de cine, ad æternum. Para mi último ritual, tras la beoda noche anterior, escogí Kill Bill (2003) de Quentin Tarantino. Una película ligera de esas que entretienen, justo para pasar el rato sin complicaciones. Tras el visionado repasé un poco la pirotecnia que acababa de presenciar, prestando especial atención al enigmático personaje de Elle Driver, interpretado por Daryl Hannah, una asesina fría y calculadora que porta un parche en el ojo. Me pregunté: ¿será un mero ardid estético u otro de los homenajes de Tarantino? Entonces pensé, pensé, y pensé, hasta terminar saltando de analogía en analogía; cine y tuertos, directores y parche en el ojo. Por mi cabeza primero apareció un nombre, luego otro, seguido de otro, y ¡hasta otro más! Nada de nombres de tres al cuarto sin presencia ni historia, de eso ni hablar, hablo de nombres importantes para el mundo del cine, nombres con solera, a los que se les asocian grandes obras en la historia de este maravilloso arte. Así que desde aquí, un humilde servidor ha querido compartir esta inquietud con todos vosotros: ¿No resulta entre extraño y paradójico que varios de los más grandes directores cinematográficos hayan portado un parche, ya sea por necesidad o moda? Pero pongamos las cartas sobre la mesa y destapemos esos parches.

Primer as y primer parche, John Ford, el que para muchos entendidos es considerado como el realizador más importante e influyente en la historia del cine. Autor de obras capitales de la talla de La diligencia (1939), Las uvas de la ira (1940),  Qué verde era mi valle (1941), Centauros del desierto (1956), El último hurra (1958), o El hombre que mató a Liberty Valance (1962), entre muchas otras. Este genio portó parche en los últimos años de su carrera cinematográfica, pero como en muchas otras cosas derivadas de su carácter hermético y árido, no conocemos exactamente la razón que le llevó a lucirlo. Lo único seguro es que la elección de portar parche no venía de una carencia física, pues éste iba cambiando de un ojo a otro por caprichosa elección del cineasta. ¿Ford se nos volvió un coqueto? ¿Fue más un juego del gato y el ratón al más puro estilo de las entrevistas que concedía? –Véase los míticos desplantes a un joven Peter Bogdanovich en Directed by John Ford (1971)- ¿Quizá su uso era para que el abuelo focalizara mejor la visión cuando éste manejaba la cámara? Muchas preguntas y ninguna respuesta, aunque una cosa queda clara, las memorias gráficas que se conservan de Ford nos dejan constancia de tal singular hecho.

richard_avedon_john_fordSoy John Ford, hago películas del oeste, y mi parche va de ojo a ojo porque quiero.

Otro de los grandes en portar parche fue Raoul Walsh, un auténtico leviatán del cine de aventuras y las historias de mafiosos. En su haber, títulos del calibre de Los violentos años veinte (1939), El ladrón de Bagdad (1940), El último refugio (1941) o Gentleman Jim (1942). Walsh, al igual que Ford, fue alumno en los años del cine no-sincronizado de una leyenda como Griffith, pero a diferencia del primero, se vio forzado a portar parche casi desde los inicios de su carrera. Si bien su relación con Ford y el parche no queda sólo en la distancia, Walsh comentó en su biografía: “Una vez estábamos en una cena elegante, John Ford, yo y un grupo de gente, y Ford empezó a quejarse de su ojo malo, el del parche. Se quejaba de que le dolía, hasta que al final agarré un tenedor y le dije: Venga, John, te lo saco y así no te dolerá más. Me lanzó una mirada asesina, pero dejó de quejarse”

Al margen de jocosas disputas entre estos dos grandes egos de origen irlandés, conozcamos el motivo real de la pérdida parcial de la visión de Walsh… y agarraos que vienen curvas. Cuenta la historia que Walsh perdió su ojo derecho en un accidente de coche mientras actuaba para La frágil voluntad (1928), película que él mismo dirigía. La razón del trágico suceso viene dada por una liebre del desierto que saltó a su vehículo mientras éste conducía. Parece sacado del guión de una película de los Monty Phyton, pero el infortunio no acaba aquí. Warner Baxter sustituyó al convaleciente Walsh, ganando un Oscar por el papel que debía interpretar éste. Desde entonces el aún joven realizador dejó de actuar para centrarse en la dirección, mas el parche lo acompañó de por vida. Sin embargo, no hay mal que por bien no venga y su condición de tuerto le acabó otorgando un aire de misterio aventurero que le fue como anillo al dedo al tipo de cine que dirigió con maestría.

Fritz Lang es uno más de los grandes parcheados de la historia, quien a lo largo de su vida lo mismo optaba por el parche, que se engalanaba con un sofisticado monóculo. Sobre el uso de este último, mucho tendría que ver con la sangre imperial astrohúngara que corría por sus venas, que al igual que Stroheim y Stenberg, los dos Eric de nombre, se pusieron el von de pega delante de su apellido para que los snobs hollywoodienses les abrieran de par en par las puertas de sus mansiones, aunque al final entraran también en ellas de forma irónica, como el papel de mayordomo de Stroheim en El crepúsculo de los Dioses (1950) de Billy Wilder. Pero sin irnos por extraños vericuetos, el caso es que con el paso de los años Lang pasó del cristal a la tela, y uno se pregunta la razón del cambio. Una cosa es clara, su época de parche coincidió con la precisión, sequedad y concisión en su discurso cinematográfico. Por cierto, premio para el que nos haga llegar la mítica fotografía de Lang portando, y atención al dato, monóculo y parche al unísono. Sin duda, una genialidad algo estrambótica, sólo al alcance de leyendas como él.

Ya tenemos un trío de ases, pero aquí vamos a por el repoker con más nombres al vuelo; André de Toth, Samuel Fuller y Nicholas Ray. Tres directores que, como los anteriores, casi no necesitan presentación. Filmes para el recuerdo como La mujer de fuego (1947), Ciudad en tinieblas (1954), Rebelde sin causa (1955), En un lugar solitario (1950), Johnny Guitar (1954), Bajos fondos (1961), Manos peligrosas (1953) o Una luz en el hampa (1964). Del primero, el cual era tuerto desde muy temprana edad, podemos contar un curioso acontecimiento. Mientras Toth se encontraba buscando localizaciones en Egipto en el año 1973, fue secuestrado e interrogado por un grupo terrorista. Realmente los jóvenes secuestradores lo confundieron, a razón de su parche, con Moshe Dayan, ministro israelí. La broma duró hasta que se dieron cuenta, literalmente, de que Toth no era judío. Por cierto, un apunte destacable se sustrae que en la incapacidad de usar los dos ojos, no supuso un impedimento para rodar una de las primeras y más recordadas películas en 3D: La casa de cera (1953)

Terminando con los dos últimos directores, pero en absoluto menos importantes, de Nicholas Ray se puede decir que era un tipo que hacía un cine directo y auténtico, como también auténtica era su condición de tuerto. El mítico director estadounidense portaba un parche negro en su ojo derecho debido a una embolia que sufrió en Chicago en el 1969, mientras rodaba fragmentos de un proyecto cinematográfico que nunca completó. En cuanto a Samuel Fuller, muy en la onda de Nicholas Ray por forma, fondo y parche, realmente no se conocen los motivos exactos por los cuales decidió tapar parte de la fisionomía de su rostro, aunque en fotos anteriores a esta elección, se intuye que del ojo derecho no iba del todo fino.

rayoncameraNicholas Ray es CINE, es tuerto y es auténtico

Grandes directores, grandes parches, tuertos y no tuertos, con grandes curiosidades. La cuestión es que he estado pensando un poco más allá de lo clásico, dando un salto hasta la actualidad, mas no recuerdo ahora mismo ningún director actual que vaya con un ojo tapado. Los hay con gafas de sol como extensiones de su personalidad como sucede con Wong Kar Wai, directores con anteojos que bien podrían funcionar a modo de microscopios, como los que llevan habitualmente Woody Allen o Todd Solondz, incluso conozco de la existencia de un director amateur que padece ceguera, Joseph M. Monks, pero parches, ya, ninguno. Y digo yo, ¿es una coincidencia que la general bajada de calidad en el cine contemporáneo venga estrechamente vinculada al hecho por el cual no hay directores que lleven parches? ¿Si alguna vez Uwe Boll se queda tuerto de facto realizará buenas películas? ¿Debería haber escrito este artículo con un parche sobre mi ojo derecho o izquierdo? Como las cuestiones que planteaba anteriormente con respecto a Ford, mucho me temo que siguen siendo demasiadas preguntas para ninguna respuesta.

Sin título-1

Chus García ChusGarciaRodriguez: “Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.”

 Tumblr: Tarkovski

2 pensamientos en “Parche a la Excelencia

  1. Esperemos que se pueda ver pronto al tío de Intereconomía en la gran pantalla.. Protagonista para una nueva película de Piratas del Caribe?

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