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Léolo (1992): Adversidades, sueños y lirismo de cine

La vida está repleta de adversidades que nos ponen constantemente a prueba. Quizás sea por eso, para evadirnos de esa realidad y para albergar siempre una esperanza, que solemos buscar la valentía y el tesón en las historias que nos contamos; o en las que nos cuentan. Y es que el cine está colmado de personajes dotados de una entereza ejemplar, siempre capaces de seguir adelante. Héroes que vencen sus miedos y logran alcanzar sus objetivos pase lo que pase y sufran lo que sufran por el camino.

En cambio, lo que Jean-Claude Lauzon nos propone en este largometraje – el segundo de su corta carrera cinematográfica, truncada en 1997 por un accidente de avioneta que le costó la vida– es la otra cara de la moneda. Como muchos han reivindicado desde la Antigua Grecia hasta la actualidad, la adversidad es capaz de hacer aflorar talentos, genios que la prosperidad probablemente habría ocultado. Y Léolo, entre muchas otras cosas, es la historia de la lucha del genio imaginativo y creativo por salir a flote entre la mugre de un entorno desgastado, privado de cultura, podrido.

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Léolo, interpretado por Maxime Collin, es un niño tremendamente sensible – en el mejor sentido de la palabra–, que vive en un barrio pobre de Montreal junto con su familia, magistralmente descrita con unas pinceladas que, pese a su brevedad, alcanzan una profundidad poco usual. Es el propio Léolo quien se encarga de narrar toda la historia a través de los manuscritos que constantemente escribe como forma de luchar contra la dura y asfixiante realidad. El dramaturgo alemán Friedrich von Schiller dijo que “en las grandes adversidades, toda alma noble aprende a conocerse mejor”; y ese es precisamente el camino que recorre este inolvidable niño en su paso a la adolescencia.

Está constantemente acechado por el miedo a la locura que envuelve y obsesiona a los miembros de su familia, lo que le lleva a escribir en repetidas ocasiones “Porque sueño yo no estoy loco. Porque sueño, no lo estoy”, como forma de convencerse a sí mismo. La locura, las contradicciones y el sinsentido que entraña la existencia son parte del mundo que lo rodea, ese mundo del que se siente ajeno y del que trata de escapar.

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Léolo, ganadora en 1992 de la Espiga de Oro en el Seminci de Valladolid y nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes, es una obra capaz de narrar con maestría la crudeza del tormento de un niño, mezclando los más duros episodios con escenas escatológicas y leves toques de humor perfectamente ensamblados. Todo ello narrado con un lirismo desbordante y a través de unas composiciones cuidadas al milímetro. Una obra maestra inolvidable.

Mi nota: 9

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EnekoAnunnakinCinéfago altamente reflexivo y amante de las películas que alimentan esta adicción.  Esto no impide que disfrute de la belleza en sus múltiples expresiones, de las cuales, por suerte, el cine está repleto.

Twitter:@ImpromptuRhythm

2 pensamientos en “Léolo (1992): Adversidades, sueños y lirismo de cine

    • Gracias a ti por pedirla, pues has despertado en mí la curiosidad para verla y, ciertamente, me ha encantado. Y gracias también por leernos.

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