Críticas/Jueves/Para la Cena con Amigos

Simón del Desierto (1965)

Simón es un anacoreta, un ermitaño en pleno desierto que se alza –en este caso literalmente- sobre sus congéneres, y durante 6 años, 6 meses y 6 días ha permanecido en lo alto de una columna, tomando una senda ascética que lo separa de los demás. Pero nos encontramos frente a otra de las burlas a la iglesia y la religión del gran Luis Buñuel. Cualquier solemnidad perseguida por el protagonista se esfuma con el tono satírico de la cinta.

Simón del desierto (1965) se trata de la última obra de la etapa mejicana de Buñuel, y la tercera de las colaboraciones entre Buñuel, Silvia Pinal, Claudio Brook y el productor Gustavo Alatriste. Las dos anteriores colaboraciones son las también excepcionales El ángel exterminador (1962) y Viridiana (1961). La película, ideada como un largometraje basado en una obra escrita por el mismo Buñuel, quedó truncada cuando el productor se quedó sin recursos, de ahí el precipitado final anacrónico que sorprende (gratamente, en mi opinión) y convierte la cinta en un igualmente excelente mediometraje. Una solo puede preguntarse qué delirantes escenas se perdieron en la imaginación del autor.Simon-Desierto

Cuando descubrí esta película, estaba sola en el sofá, a las tantas de la mañana y adormecida. Me impactó de tal manera que me desperté de golpe y, aun siendo el ritmo de la película calmado, quedé prendada del recién descubierto Buñuel y de las situaciones absurdas y humorísticas que me dejaban alucinada.

La perplejidad es una reacción bastante lógica ante la historia de este religioso asceta (basado en un personaje histórico del siglo V, el santo Simeón el Estilita, que pasó casi 40 años encima de una columna). Pero la maestría de la historia está en la sátira de la religión, puesto que Buñuel no tiene ningún complejo en mostrarnos lo humorístico del asunto – véase el milagro del manco que, al recuperar sus manos, lo primero que hace es darle una colleja a su hijo.

La historia se sitúa en un desierto, que bien podría ser la meseta española al ritmo de los tambores aragoneses, con una ambientación sencilla (hay que recordar la escasez de recursos) pero efectiva. El papel del riguroso y elocuente sermoneador Simón corresponde a un correcto Claudio Brook, y la actriz Silvia Pinal borda el papel del mismísimo Satán, que se dispone a tentar al santo, embutado en su disfraz de seductora y juguetona mujer.extrait_simon-del-desierto_1

Comparada con otras obras del director, seguramente debido al final abrupto de la producción, la cinta no obtuvo tanto reconocimiento, pero entre los distintos premios destaca el premio del jurado del afamado Festival de Venecia en 1965. En España no vio la luz hasta el año 1978.

No solo por quedar bien con los amigos al fardar de haber visto una de las obras no tan conocidas de Buñuel, recomiendo esta película si se quiere disfrutar de una gran cinta, buena a la par que entretenida.

Por su humor con crítica de valores de fondo, por sus toques surrealistas, por sus actuaciones; la única pega que le pongo es que no pudiera llevarse a cabo el proyecto hasta el final.

Mi nota: 9

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LuacíaLucía: “Yo por una película dejaría a un hombre, pero por un hombre nunca dejaría una película.”

Twitter: @LCarmona137

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