Críticas/Lunes/Para Descargar Adrenalina

RIFIFI (1955): Lecciones de cine… y de robos

Rififi (1955) es una palabra que ‘no aparece en el diccionario’ pero que puede significar muchas cosas. Entre ellas, escamoteo, si bien, no es un escamotage en desfile de tipos guapos y perfumados, con acciones de guante blanco que siempre acaban en buen puerto, yendo acompañados de una aséptica música electrónica a la que nos tienen tan (mal)acostumbrados las heist movies de los últimos años.

No, Rififi es una marimorena de ambientes sórdidos, de tipos duros que apestan a cognac, y con la chançon marcando bien sus perfiles delictivos. Rififi significa la fría sombra de la fatalidad que envuelve a estos personajes –capitaneados por un prodigioso Jean Servais– y de la cual nunca pueden escapar debido a sus circunstancias. Rififi significa el producto de un Jules Dassin exiliado, apaleado, perseguido por las brujas del macartismo, en una -nada diletante- alquimia realizada con muy pocos recursos… más oscura que nunca, también, para el propio director. 

Rififi

Consideraciones políticas al margen, el relato tiene un marcado sabor a cine negro estadounidense, un noir muy noir dentro de un ambiente por el culto a lo noir, que es de carácter sobrio, severo en lo formal, y está realizado en suelo francés; aunque aquí toque desprenderse del lirismo en la imagen, para con el género, de gente como Malle, Godard o Melville. Rififi significa, también, una dirección con muchísima fuerza que no da concesiones a la ornamentación.

Existe un discurso que te prepara durante todo el metraje para estallar en un monumental ejercicio de estilo, en una escena de atraco de más de media hora de duración, en el que se eliminan los diálogos y la música, quedando sólo el sonido ambiente, las miradas, el sudor, los vigorosos claroscuros en la fotografía, y una estructura en el montaje que nos asfixia por completo por su tensión; mecánica de la cual buena cuenta tomarían genios de la talla de Jacques Becker para su La evasión (1960)

¿Y después de eso? Pues cuando crees que el director no puede llevarte más alto, te envía de una patada -muy dolorosa- a un auténtico descenso a los infiernos, en los que no falta ni uno de los mejores gimmicks del género. El resto queda para la historia, del buen cine, se entiende.

Nota: 9

Sin título-1

Chus García

ChusGarciaRodriguez: “Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.”

 Tumblr: Tarkovski

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