Críticas/Martes/Para Llorar

El Piano (1993): Música que apasiona a las fieras

Una película es el resultado de la suma de un elevado número de elementos. No hay más que ver los créditos finales de cualquier producción para darse cuenta de la gran cantidad de personas y tareas que intervienen en la creación de una obra cinematográfica. Desde el equipo de dirección hasta los técnicos y foquistas, todos ellos son imprescindibles, y por eso resulta tan difícil crear una verdadera obra maestra, porque hay que mantener la maestría en todas las direcciones. Por suerte, hay películas que lo consiguen. Hoy quiero hablar de una de esas obras que consigue destacar en todos los aspectos.

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Hace veinte años, la directora neozelandesa Jane Campion presentó El Piano, seguramente su mejor película hasta la fecha. Se estrenó en Cannes con mucho éxito, ya que su actriz protagonista obtuvo el premio a la mejor interpretación femenina y la película se llevó la Palma de Oro –premio que compartió, no obstante, con Adiós a mi concubina (1993) del realizador chino Chen Kaige–. No fueron estos los únicos premios que ganó la película, pues también se llevó tres de las ocho nominaciones a las que aspiraba en los Oscar, tres premios BAFTA y un largo etcétera.

El Piano narra la historia de Ada Mcgrath, intepretada por una magnífica Holly Hunter, una mujer escocesa cuyo padre la vende en matrimonio a Alistair Stewart (Sam Neill), un hombre que está acumulando riquezas gracias a la colonización de las tierras de los maoríes en Nueva Zelanda. Ada tiene una hija, Flora (Anna Paquin), que viaja con ella y le sirve además de traductora, ya que Ada lleva desde los 6 años sin pronunciar una sola palabra. Se comunica usando el lenguaje de signos con su hija, o escribiendo en unos pequeños papeles que siempre lleva consigo. Y es que Ada se expresa a través de su piano, que toca con auténtica maestría y que supone el único punto de fuga, además de su hija, del sufrimiento de su actual vida.

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Otro de los personajes clave del film es George Baines, encarnado por Harvey Keitel, el tipo duro y/o peligroso de las típicas cintas de Tarantino –Reservoir Dogs (1992), Pulp Fiction (1994)–, Scorsese –Taxi Driver (1976)–, e incluso en la extravagante comedia Little Nicky (2000). Sin embargo, el personaje que Keitel interpreta en El Piano, como vecino de Alistair y amigo de los maoríes, es de una mayor sensibilidad y un gran desarrollo interior, aunque no llega al nivel de profundidad y humanismo del papel que interpretó con genialidad en La mirada de Ulises (1995) del gran director griego Theo Angelopoulos.

Oscar Wilde escribió en su Retrato de Dorian Grey: «Me gustan los hombres que tienen un futuro y las mujeres que tienen un pasado». Eso mismo ocurre con Ada y Baines. Él se presenta como un personaje secundario sin mayor relevancia, y va adquiriendo un cariz distinguido y muy importante a lo largo del film. Ella, en cambio, intriga desde el primer momento por su pasado (de dónde viene, por qué no habla, qué piensa), aunque esto no impide que se desarrolle como una personalidad maravillosa mientras avanza la trama y así hasta el final.

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No podemos dejar de destacar el trabajo de la pequeña Anna Paquin, una niña haciendo un papel de niña. Esta redundancia no es gratuita, porque realmente se nos muestra una niña de verdad, que es algo a lo que el cine comercial de los últimos años nos tiene desacostumbrados, con niños que piensan como adultos y que, al fin y al cabo, no hacen sino desacreditar a sus personajes. Así pues, Flora se nos muestra desde el realismo, con lo impredecible de todos los niños, sus necesidades egocéntricas y su creatividad innata. Este papel con el que Anna Paquin se estrenó en el mundo del cine fue el mejor comienzo que cabría esperar –ganadora del Oscar a mejor actriz de reparto con tan sólo diez años–. Fue el principio de una carrera exitosa donde destacan su papel protagonista en la serie de televisión True Blood y su interpretación de Pícara en la saga de X-Men.

En definitiva, esta película cuenta con un elenco magnífico que interpreta los personajes y la historia de un gran guión, enmarcados en la Nueva Zelanda más salvaje que se retrata mediante una fotografía preciosa, y con la música, gran protagonista del film, que nos deja una de las bandas sonoras más emotivas del cine. Todo ello acompañado por unas escenas de una sensualidad maravillosa, como apunta Laia Tardós en la lista de recomendaciones de esta semana.

Mi nota: 9,5

Ver película en filmin

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EnekoAnunnakin: Cinéfago altamente reflexivo y amante de las películas que alimentan esta adicción. Esto no impide que disfrute de la belleza en sus múltiples expresiones, de las cuales, por suerte, el cine está repleto.

Twitter:@ImpromptuRhythm

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