Críticas/Martes/Para Desconfiar del Género Humano

Perros de paja (1971): Violencia genera violencia

Sam Peckinpah, el eterno dicotómico, más de Masoch que de Sade, alcohólico y cocainómano, lírico y violento, ‘con el infierno en las venas y el cielo en la mirada’, todo un exabrupto en los nuevos tiempos, pecador irredento dentro de toda esa farándula hollywoodiense de la que no tenía más remedio que formar parte para traernos todo su arte. Y para el que escribe estas líneas, un titán cinematográfico. Ciertamente, cuando uno habla del cine de este viejo outsider, no puede aludir a la sutilidad; las historias que plantea son ásperas, con unos personajes que traicionan los presupuestos morales develando la ambigüedad de la condición humana.

Para Peckinpah no hay buenos y malos, hay malos y menos malos; auténticos endemoniados dostoievkianos que pululan en la pantalla de su alma. Su visión no se limita a retratar historias, sino que éstas se interpretan emocionalmente desde el acerbo. Director forjado en el género de western, para más señas, el crepuscular, si los jóvenes norteamericanos se alzaban contra los valores tradicionales en la década convulsa de los 60, Peckinpah, con su discurso, mató a John Ford.

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Y entonces llega Perros de paja (1971), basada en la novela de Gordon M.Williams, siendo su primera película fuera del género, o quizá, fuese el western más western que hizo nunca. Un matemático americano, excelentemente interpretado por Dustin Hoffman, se traslada a vivir al pueblo natal de su mujer, Susan George, en el corazón de la campiña británica, aunque este aparentemente idílico lugar acabe siendo para el protagonista una suerte de pérfida Albión. Y es que nada más empezar el filme, el toque Peckinpah traspasa la pantalla como un fogonazo

Pronto todo se cruza para el malogrado protagonista que se ve perdido en un lugar que no le pertenece, en un territorio que se presiente hostil, repleto de haraganes pendencieros que beben y desfasan, auténticos tarambanas amorales. Sumémosle a este miasma una de las violaciones más ambiguas de la historia del cine, y ya tenemos la fiesta montada. Todo suministrado sibilinamente hasta estallar en una explosión de ultraviolencia al más puro estilo de La jauría humana (1966) de Arthur Penn. Presentado con un montaje tenso, con ralentíes marca de la casa, y con la liberación redentora del tempo fílmico. Impagable

Perros de paja golpea al espectador en lo más profundo de sus entrañas. Es una película incómoda de ver pero de una calidad imperecedera. Leí de un íntimo del director, Gonzalo Suárez, que su cine no se trata de una exageración gratuita, porque toda orgía es exagerada, más bien denota la percepción de quien ha conocido o intuido la descomposición del tiempo durante el lapso de una explosión o un accidente. Y toda muerte es eso: explosión y accidente. Huid de remakes, ésta es la buena. Con su visión Peckinpah nos recuerda: La vida sólo es amarga para los que la esperan dulce.

Nota: 8

Sin título-1

Chus García

ChusGarciaRodriguez: “Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.”

 Tumblr: Tarkovski

3 pensamientos en “Perros de paja (1971): Violencia genera violencia

  1. Es una de mis películas favoritas, y el director también. El film tiene una violencia extremadamente brutal y desagradable que creo que pocos creativos han sabido reflejar de la misma manera.
    Entre los excesos y sus películas no me extraña que fuera considerado uno de los directores “malditos” del Hollywood de aquella época.

    • Pau, también uno de mis directores favoritos. Estoy de acuerdo que muy pocos han sabido sacar ese tono que te deja incómodo durante horas. Creo que su cine es necesario, porque te da una bofetada de realidad, de todas esas cosas a las que giramos la cara… simplemente, te sitúa en el mapa. Si tengo que definir al viejo Peckinpah, lo haría como uno de los mejores poetas de lo decadente.

      Gracias por tu comentario.

  2. La vi recientemente y no me cuadra para nada el personaje de dustin hoffman, un tipo que hasta en la situación más descontrolada parece hacer uso de una desmedida comprensión. me explico; la escena final del asedio en la que el protagonista se ve acosado éste, lejos de descontrolarse , lo cual estaría justificado ya que no está acostumbrado a eso, se comporta de manera fría y el que sea matemático no lo justifica. Si nos imaginamos el origen del matemático probablemente fue un niño empollón, tendiente a estar solo, hasta la mujer que le pusieron estaba demasiado buena y hasta era un poco guarrilla (escena de la “violación” , no se si la tia lo recrea con asco o con ansia, no queda claro). Imagino lo que debe ser que se metan en tu casa unos tíos que son unos analfabetos tuercebotas ( el protagonista ,algo clasista, debería verlos así, con algo de desprecio) y pretendan hacer lo que les salga de los… imagino la impotencia, la frustración, angustia de tener que afrontar una situación desagradable sí o sí, y para colmo que la zorra (astuta) de tu mujer se ponga del lado de los desaprensivos. Muchas sensaciones para asumirlas en tan poco tiempo, tanto autocontrol no lo veo humano…. se pasa de bueno. Aunque luego los cruja, se empeñan en justificar la violencia cuando la violencia no tiene justificación tengas o no motivos.
    Perdón por el tostón…;)

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