Críticas/Jueves/Para Pensar

La Huella (1972): Hay diálogo para rato

La Huella es una película de Joseph L. Mankiewicz para mantener delirantes diálogos y pensar durante largo tiempo, solo o acompañado no dejará aliento a nuestra mente.

Probablemente el mayor inconveniente de esta obra fue el año en el que se concibió, donde El Padrino y Cabaret se llevaron las máximas aspiraciones de un film que cayó en la sombra nominado a 4 Oscar por director, dos actores y BSO.

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Anthony Shaffer adapta el guión de su misma obra Teatral. Andrew Wyke (Laurence Olivier) un prestigioso escritor de novelas de misterio, invita a un joven peluquero llamado Milo Tindle (Michael Cane) a su casa de campo. Marguerite es infiel a Wyke con Tindle, algo que ya todos saben. Lo que Tindle no vaticinaba era la proposición de Wyke, un “juego” –quitaos Saw de la cabeza- que se desarrollará en una batalla para dominar al contrario.

Da la sensación de estar leyendo una novela de Conan Doyle, donde ese misterio por reconocer los entresijos del asesinato de la novela policíaca, se traduce en juegos de ingenio cargados de misterio y batallas dialécticas, cuyo Master –Wyke- llevará la voz cantante intentando sobreponerse a su oponente.

La fuerza del film reside en esos maravillosos diálogos, donde lo mejor se encuentra en las geniales interpretaciones de sus protagonistas. Un Laurence Olivier que nada envidia a su mito sobre un escenario Inglés. El guión férreo durante sus más de dos horas de metraje es otra exquisitez digna de cualquier persona en la posición de Andrew Wyke.

Técnicamente la última obra del director, cuyo tratamiento fílmico es de manual. Luces, sombras y planos expresivos cada vez más cerrados donde los actores mantienen una constante lucha –positiva- para dominar la pantalla.

El enfrentamiento de los dos protagonistas es sencillamente extraordinario, de él podemos extraer horas y horas para pensar, donde Wyke significa el poder, la posición económica favorable y el éxito frente a Tindle, joven, orgulloso, pasional y ambicioso.

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¿Y ya esta? Tampoco hay tanto para pensar, ¿no?. Poder, manipulación, posiciones socioeconómicas, celos, lucha de clases, juegos de ingenio, batallas dialécticas, el éxito, el fracaso… la particular visión de Mankewicz sobra la naturaleza humana.

2007 trajo consigo un innecesario, remake esta vez interpretado en el papel de Andrew Wyke por Michael Cane, siendo Milo Tindle el joven Jude Law. Kenneth Branagh elimina de la ecuación la teatralidad de Mankiewicz. Un film cuyo guión sigue siendo tan fuerte que no se puede suspender a la cinta. En lo negativo difícilmente Law esté a la altura de Cane, como, por mucho que duela Cane de Olivier. El diseño de vestuario, maquillaje y escenografía están muy tratados en contraposición a ese brebaje de teatralidad y calidad interpretativa de su antecesora cuyos puntos flacos no han sabido reforzar, para centrarse en un espectáculo más visual que “rumiante”.


Mi nota: 8

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alberto cuencaAlbertoCuenca: Desde que vi por primera vez la gran pantalla caí rendido al arte, y eso que era Honey, I Blew Up the Kid. Seamos serios, estoy aquí para disfrutar e intentar que disfrutéis de este amor al Cine, creando polémica”

Twitter:@BatSinope

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