Críticas/Jueves/Para Pensar

Titicut Follies (1967): Sí pestañeas… Has perdido

En la década de los 50 los equipos de cámara fueron avanzando hacía dispositivos más portables que permitían a los realizadores ahondar en nuevas formas de plantear sus desarrollos audiovisuales. Es justo en este contexto en los que géneros, como es el caso del documental observacional, llegaron a nuevos estadios en su ejecución. En Francia eclosionaba con fuerza el cinema verité con autores de renombre, léase, Jean Rouch, Chris Marker o Claude Lanzmann, y al otro lado del charco el direct cinema americano ganaba empaque con gente como Robert Drew, Shirley Clarke, D.A Pennebacker, o el director del documental Titicut Follies (1967), Frederick Wiseman

Éste último resultó ser el paradigma del subgénero que le tocó abanderar, aplicando unas características bien definidas; en sus producciones rehuía de la voz del narrador y otras técnicas tradicionales en favor de la sola observación de los eventos profílmicos, aportando a su narración un tratamiento menos cerrado y más ambiguo del tema. Por lo tanto, el discurso de los personajes nunca era provocado ni utilizado por el director a través de la entrevista, método que a su vez ofrece al espectador mayor libertad de interpretación.

Titicut Follies (1967)

Según palabras de Errol Morris, muchas personas han escrito o filmado himnos sin fin a la raza humana, la nobleza del hombre, la resistencia del espíritu humano. Pero ellos han descrito al hombre como nos gustaría que fuera con poca preocupación por cómo realmente es. Wiseman tuvo la honestidad y decencia de retratar la sociedad humana por lo que es: un manicomio. Y es que posiblemente la locura sea la única reacción sana para una sociedad enferma. Alegorías al margen, en Titicut Follies se nos muestra el día a día en la vida de los reclusos de una prisión psiquiátrica de Massachussets.

Mediante la técnica de la mosca en la pared –meses antes Wiseman entró con la cámara sin realizar grabación alguna sólo para que los reclusos se fueran aclimatando a su presencia- somos participes de los horrores de unos desheredados con filias extremas, con trastornos de la personalidad severos, o que padecen esquizofrenias paranoides y en cómo los empleados de la institución -guardas de seguridad y médicos-, tratan a estas personas, la mayoría de ocasiones, con el mayor de los desdenes como si fueran auténticos despojos. Estas desapacibles escenas siempre están expuestas a luz natural con cámara en mano y de forma eminentemente directa. 

Documental terriblemente duro, el cual estuvo prohibido durante muchos años en varios estados norteamericanos, aquí no hay lugar para concesiones. El realizador nos planta delante sin trampa ni cartón, sin doble fondos, sin prestidigitación que valga tal y como son las cosas, todos esos hechos a los que normalmente giramos la cara por aprensión. Reconozco que Titicut Follies me hace pensar mucho a la par que me pone muy triste, y es que como recitara Rimbaud, la honestidad de la medicina me llena de dolor. ¿Os atrevéis vosotros con ella?

Nota: 8

Sin título-1

Chus García

ChusGarciaRodriguez: “Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador.”

 Tumblr: Tarkovski

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