Críticas/Para Fantasear/Sábado

Los Héroes del Tiempo (1981): Viajes temporales a lo Monty Python

Recomiendo Los héroes del tiempo (1981) a aquellos que prefieran la primera trilogía –segunda en orden cronológico– de La guerra de las galaxias (1977, 1980 y 1983) sin los retoques digitales de la reedición y, también, para los que prefieran el Tiburón (1975) mecánico de Spielberg a los digitales de Deep Blue Sea (1999). Los motivos ya se dejan claros desde los créditos iniciales, la productora es HandMade Films –fundada por el Beatle George Harrison para financiar La vida de Brian (1979) de los Monty Python–.

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La película cuenta las tropelías de un grupo de ladrones –los Time Bandits del título original– que, aparte de ser enanos, viajan a través del tiempo y el espacio acompañados accidentalmente por un niño. La premisa parece muy familiar e inofensiva pero como es habitual en este grupo de cómicos ingleses la crítica social está muy presente. Tanto en el retrato de los padres del chico –quinta esencia de una clase social que se preocupa más de lo que no tiene que de lo que tiene– y su desdichado final (¡a ver qué película infantil se atreve terminar así!) como con los personajes del tándem que hacen Shelley Duvall y Michael Palin –unos estereotipos muy reales y, como se ve en el filme, perdurables en el tiempo–.

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Pero los momentos destacables no terminan aquí: la aparición de Napoleón (esplendido Ian Holm años antes de encarnar a Bilbo), John Cleese como Robin Hood, todo el pasaje por la antigua Grecia de la mano de Sean Connery –que recuerda muchísimo al Satiricón (1969) de Fellini–, un viejo matrimonio de ogros que viven en un barco, el Mal preocupándose de las nuevas tecnologías y podría seguir pero ya he destripado bastantes momentos icónicos. Y, como decía al principio, esta cinta tiene el encanto de los efectos especiales de la vieja escuela: fondos pintados con acetatos como la mítica Ciudad Esmeralda del Mago de Oz (1939) o esas maquetas que fingen ser grandes decorados.

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Detrás de la cámara, Terry Gilliam deslumbra creando un particular mundo de fantasía que refleja un universo propio exquisito que va más allá del grupo cómico del que formaba parte. Prueba de ello es su filmografía, con títulos tan diversos como Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores (1975), Brazil (1985) o Doce monos (1995).

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¿Quieren fantasear? Apúntense este largometraje, no se arrepentirán. Yo la descubrí en mi infancia, una mañana de sábado haciendo zapping, puro azar, y crean que aún recuerdo el momento.

Mi nota: 8

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Jaume Clapésjaumecss: Crecí queriendo ser Bond, el King Kong en blanco y negro o el guante de Gilda. Ahora quiero devorar cine del pasado y del presente y mi reto personal es ver las 1001 películas que hay que ver antes de morir.

Twitter:@jaumecss

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