Críticas/Lunes/Para Llorar

Johnny cogió su fusil (1971): Los emblemas del valor


La historia de todas las guerras y, naturalmente, la guerra de todas las historias debe ser el hombre. Mejor dicho, mejor escrito, debe DE. Que a menudo, cada vez más, uno vacila. Los tipos como Johnny o aquel que cogió su fusil y -al estilo de Manbrú (Marlbrough), Aznar y tantos y tantos ilustres- se fueron a la guerra. Y lo que no cuenta la canción es cómo volvieron. O que no lo hicieron, porque ya no eran los mismos -remites a El cazador (Michael Cimino, 1978)Travis Bickle, The Master (P. T. Anderson, 2012) o Nacido el 4 de julio (Oliver Stone, 1989), etcétera- y porque ni siquiera Eran, apenas reducidos a un torso despiezado tras los embalajes de una clínica militar de retaguardia, allá bajo el cielo de obuses que brindó la Gran Guerra.

Se llamaba Joe Bonham y nunca emprendió el camino de regreso. La tragedia de las trincheras lo había convertido en escombros y, en la quirúrgica trastienda del aparato militar, nadie quiso atender aquella insistente réplica en morse que, al otro lado, escribió muy finamente el sí buen guionista y no inspirado director Dalton Trumbo. Johnny cogió su fusil (Johnny got his gun, 1971).

Adaptando su propia novela, Trumbo optaba por alternar el color y el B/N para escenificar, de una parte, los recuerdos de Bonham -único modo de seguir existiendo- y, de otra, la penuria física de un cuerpo que, muy a pesar del oficial a cargo, ya no era cuerpo. De eso, del absurdo desolador de todas las guerras y la necedad de todos lo vivos, hablaba la película. De un alegato de la eutanasia o, al fin y al cabo, una celebración de la vida. Joe ya no es Joe como nosotros ya no somos más nosotros luego de todo. Autor -a propósito- de los impresos de Vacaciones en Roma o la revolucionaria Spartacus, Trumbo, un titular indiscutible de la convocatoria de McCarthy en aquel tiempo de brujos, relanza aquí una vez más su leyenda de sujeto comprometido y valeroso y pionero de esa moda tan compleja que es la denuncia. Tras los pasos de Crane y Mailer, bajo la sábana, latía una verdadera tragedia americana. Y universal.

Sin título-1

Carlos Abascal

cabpeiro: Carlos Abascal Peiró ha insistido durante dos décadas en convertirse en un gilipollas y, según fuentes acreditadas, podría lograrlo de un momento a otro. Entretanto, se dedica a las películas, los velociclos de carreras y las chicas que leen a todas horas sin dejar de obligarnos a torcer el cuello. Amén por eso último.

Twitter:@cabpeiro Site: Teniente Corrupto

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