Críticas/Para Reírse/Viernes

La tentación vive arriba (1955): Seducción y deseo

Si hay una verdad indiscutible en la historia del cine es que Marilyn Monroe es una mujer capaz de enloquecer a cualquier hombre -sin exceptuar al mismísimo Wilder-. Esta vez, la pobre víctima es Richard Sherman (Tom Ewell), quien pierde el juicio de manera tal que en su interior llegarán a coexistir dos personalidades distintas, la de marido fiel y la de seductor valiente y osado Don Juan.

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Si bien la cuestión de la  seducción y el deseo corresponde a uno de los leit-motivs por excelencia del género de la comedia, en La Tentación Vive Arriba (1955), es el epicentro sobre el que se articula la narración. La fórmula es siempre la misma: la voluntad de satisfacer ese impulso más primario frente a la contención del mismo. Evidentemente, los hábiles directores de aquella época tuvieron que apañar su ingenioso caballo de troya para eludir la censura y en eso –y en muchos otros aspectos- Lubitsch fue el gran maestro. De él, Wilder aprendió la sutileza de la manipulación de los elementos de la puesta en escena, y descubrió, en Monte Carlo, cómo una simlre puerta podía representar la metáfora de la sublimación/contención del deseo sexual. Cerrar la puerta con llave era obstaculizar, aplazar, mitigar y dejar atrás ese deseo.

La comicidad del film recae en el binomio Imaginación/Realidad, cuando los momentos fantaseados en la cabeza de Richard no se corresponden a las expectativas de los encuentros reales con Marilyn. Así, las tentativas de conquistar a la explosiva vecina son bastante más fructuosas en su mente, lugar de ensoñación cinéfila que nos regala algunos guiños al séptimo arte. La parodia del revolcón en las orillas de una playa en De aquí a la eternidad, la melodía de Breve Encuentro (1945) o el personaje de Marilyn como una endiosada femme fatale del noir.

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Pero, sin duda, uno de los momentos más míticos del film, y por el que será eternamente rememorado, es ni más ni menos que la célebre escena del levantamiento de faldas de Monroe en un respiradero de metro.

 

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Anna Casado

annacasado: Creo que el cine es un placer para locos, el refugio perfecto de esa cosa tan aburrida a la que, inevitablemente, todos tenemos que hacer frente algún día y a la que llamamos realidad.

Twitter:@anncasado

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