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Conan el Bárbaro (1982): El secreto del acero

Ni anillos, ni tronos, ni princesas; acero, sangre y brujería. Un filme compacto que aúna aventuras con filosofía, buena dirección con montaje. Primero fueron las novelas de Robert E. Howard, luego los cómics de John Buscema y después la película protagonizada por Arnold. Todos ellos se valieron de un personaje inmortal de la fantasía heroica: Conan.

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Howard era un estudioso de la literatura, la historia y la mitología, al igual que el otro gran pilar de la literatura fantástica; J. R. R. Tolkien. Al contrario que su colega, decidió ambientar las aventuras de sus héroes (Conan, Kull, Solomon Kane) en mundos más sucios, más crueles y más intensos. Primando la acción y la aventura sobre las descripciones de razas y los lenguajes élficos. Dos grandes escritores, pero para gustos, los licores.

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Lo mismo podríamos decir de las respectivas adaptaciones cinematográficas de ambas obras literarias. Por un lado tenemos las películas de casi tres horas de amistad y buen rollo de Peter Jackson, y por otro a Millius ilustrándonos con su búsqueda del sentido de la vida: “Aplastar enemigos, verlos destrozados y escuchar el lamento de sus mujeres”. Por un lado enanos cantores y por otro la banda sonora más épica jamás realizada, a cargo de Basil Poledouris.

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Bromas aparte, la película que rodó John Millius (guionista de Apocalypse Now) no sólo ejerce como ejemplo de lo que debería ser una película de aventuras, sino que entre mordiscos y espadazos rezuma cierto poso filosófico que dota de carácter al filme. Se alejó así de la versión previa que iba a dirigir Oliver Stone y de muchos aspectos de los libros y cómics, para realizar su propia adaptación libremente. Puede que el haber visto esta película durante la infancia te haga recordarla desde otro prisma, pero os aseguro que se trata de una historia redonda, con una dirección brillante y varios mensajes relacionados con el existencialismo, la teología, el poder de los hombres o la fuerza de la mente. Y para ello no necesita una trilogía, ni evita buenas peleas sangrientas, aventuras en palacios con serpientes gigantes, magos de pacotilla o brujas ligeras de piernas.

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Arnold Schwarzenegger apenas hablaba inglés cuando encarnó a Conan, ni falta que le hizo gracias al buen hacer de Millius. Pese a sus limitaciones interpretativas dio vida de forma sorprendente al personaje y dejó para la posteridad algunas de las mejores caras de bárbaro salvaje que ha visto el celuloide. A su lado, un surfero convertido a actor y ladrón, dos deportistas ejerciendo como torres musculadas contra las que pegarse y James Earl Jones poniendo más cara de malo que todos los ejércitos de Sauron juntos. Mención aparte merece su actuación como líder de una secta que manipula las mentes de quienes les rodean poniendo ojitos de cordero endiablado.

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Se trata de una mis películas favoritas de la infancia, de las que me hicieron soñar con mundos de espada y brujería como pocas. Pero si no me creéis, revisionad rápidamente los primeros minutos de la misma, con la invasión al pueblo de Jorge Sanz, y decidme si no veis maestría por los cuatro costados. Para mí esto es lo que debería ser una película de fantasía medieval, no cuentos de hadas, tostones o pelis insulsas para niños de generación retarder. Tras esta primera película, con partes rodadas en España (¡Teruel existe!), se realizaron otras dos: Conan el Destructor y El Guerrero Rojo (traducción libre de Red Sonya, que es una mujer y un cómic). Estos filmes pueden ser considerados de serie B y no tienen mayor interés o relación con el capítulo original más allá de echarse unas risas palomiteras.

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Por último, no querría finalizar esta recomendación sin poner a parir la aberración de remake realizada en 2011 por… bueno, creo que finalmente nadie quiso responsabilizarse de aquello.  En ella, Jason Momoa (que es más guapo que Arnold y quedaba guay en Juego de Tronos) protagoniza un sinsentido absurdo, pastiche de tópicos, falto de ritmo o argumento… que resume muy bien en qué ha quedado la fantasía hollywoodiense a día de hoy. Imperdonable. Por eso, no sé si querría que los rumores cobraran vida y finalmente chuache acabara haciendo de Conan Rey ahora que ha vuelto al ruedo. Hay habladurías que apuntan a ello, pero eso ya es otra historia…

Mi nota: 8,5

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Angel mirandaÁngel Miranda: “Puede que sea un buen día o que tengas ganas de meter la cabeza en una licuadora, que estés en el sofá de casa o a kilómetros de la rutina, pero siempre hay tiempo para una buena historia, hacen que la vida merezca la pena”

Un pensamiento en “Conan el Bárbaro (1982): El secreto del acero

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