Críticas/Martes/Para Llorar

Saraband (2003): Bergman en uno

Hágase el silencio, márchense todos los pensamientos, centraos únicamente en la lectura. ¿Por qué? Porque hoy toca hablar del maestro, y cuando se habla de él nos debemos a él cómo él se debió al cine. Y esta no es una película más, es la última película del maestro, una película testamento en la que contiene el alma de toda una filmografía anterior. Os quiero proponer un ejercicio interesante, escoged a vuestros directores favoritos ya difuntos y mirad su opera prima y su última película; el resultado es fascinante, parece que cuando un director está haciendo su última película lo hace de forma consciente, y quiere condensar todo su espíritu cinematográfico en esa última pieza.

SARABAND es una película de Ingmar Bergman realizada en 2003 para la televisión sueca. Las mayúsculas no han sido fruto de un accidente sino que la película en si mismo es mayúscula, no voy a decir que sea la mejor de Bergman, ni la más lúcida, pero si que hay en ella toda el alma de Bergman, todos los tópicos que han acompañado a su filmografía aparecen tratados en esta obra maestra del cine.

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30 años después de divorciarse Marianne va a reencontrarse con Johann quien vive solo. Muy cerca de Johann vive su hijo fruto de un anterior matrimonio, Henrik que vive con su hija Karin, dos años después de la muerte de su esposa Anna. Con este planteamiento descubrimos un drama donde los diálogos se convierten en el elemento central de la película, los cuáles consiguen en el espectador una sensación de catarsis al tratar temas tanto existenciales como rutinarios que en muchas ocasiones nos hemos planteado. La historia está formada por 10 capítulos, además de prólogo y epílogo en los que en cada una de ellos hay una escena formada por dos personajes que mantienen conversaciones acerca de todo tipo de temas: el sentido de la vida desde la perspectiva de quien ve cerca la muerte, el complejo de Electra de una joven que se ve atada a su padre, la falta de libertad cuando nos ligamos a una persona, del odio que un padre puede tener a su hijo, la dificultad de superar la muerte de un ser querido o la locura que se puede alcanzar con las ansias de posesión hacia otras personas. Y música, la mejor música escogida con mimo y entre la que brilla Bach.

Capítulo aparte merece el elenco de actores, al margen de que tanto Erland Josephson como Böris Ahlstedt están espectaculares y que Julia Dufvenius pese a su juventud pasa con nota la prueba, tenemos a una de las grandes musas del cine, Liv Ullmann quien en la película está… mmm… creo que no hay un adjetivo que sea capaz de describir sus cualidades, lo dejaré en incalificable. Belleza, serenidad, y la típica mirada que es capaz de expresar más que todas las palabras del mundo nos cautivan como si de forma hipnótica se fuese apoderando poco a poco de nosotros.

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Se trata de una película para llorar por la dureza que hay condensada en cada una de sus escenas. Es el ejemplo perfecto que muestra como nos pasamos toda la vida martirizandonos con la muerte y lo que viene después para que luego sea nada, del hastío de vivir, de pasar una vida de reflexión y el sufrimiento se haya convertido en el elemento central, de como estamos condenados a pasar por la vida sin encontrarle un sentido a nada. Nos adentramos en lo más profundo de Bergman, y eso significa bajar a los infiernos, que como él consideraba es en el único lugar donde vamos a poder encontrar lo más parecido a una respuesta.

“Pienso mucho en la muerte últimamente. Pienso: Un día pasearé por el bosque hacia el río. Un día otoñal, con niebla, sin viento. El silencio es absoluto. Entonces veo a alguien en la puerta. Se acerca a mí. Lleva una falda vaquera azul… un abrigo azul… Va descalza y tiene el pelo largo y liso. Camina hacia mí. Anna [Ingrid] camina hacia mí, cruza la verja. Y me doy cuenta de que estoy muerto. Entonces ocurre algo extraño. Pienso: ¿Es así de fácil? Pasamos la vida preguntándonos sobre la muerte y lo que hay después y al final sólo es eso. Con la música puedo atisbar la idea. Brevemente, como en Bach.”

Mi nota: 8.5

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Lluís Muñoz

lmpandiella: “El cine no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad”. El cine lo es todo, allí puedes encontrar la vida, la muerte, el llanto, la risa, la ilusión, la impotencia, los sueños… no falta nada!

Twitter:@Lmpandiella

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