Críticas/Martes/Para Desconfiar del Género Humano

El dinero (1983): Sociedad podrida

Vamos a hacer todos juntos un ejercicio de análisis. Pensemos en el idealismo etnocentrista que utilizamos para definir Occidente, y ahora miremos a nuestro alrededor y comprobemos el montón de mierda que nos acecha. Es difícil hacer este tipo de ejercicios en la sociedad mediatizada de hoy, salirse de la banalidad para intentar pensar un poco más allá de la mediocridad. Pero ya que estamos siendo atrevidos permitámonos buscar las causas del fraudulento experimento que ha sido nuestra gran Europa. Yo lo tengo claro, y voy a ir más allá; no tan solo es un problema político, sino que alcanza todos los estratos de la sociedad, e incluso de la moral. Es el dinero el centro de todas las cosas y al mismo tiempo el centro de todos los problemas.

Precisamente, El dinero es el título de la película testamento de uno de los grandes del cine, Robert Bresson, quien ya de octogenario se permitió dirigir esta obra de arte. Adaptó un fragmento de Tolstoi para mostrar el lado más oscuro de la especie humana. Y lo consiguió. Fiel a su estilo en el que lo mínimo es lo más importante y en el que el espectador entra en la película para ser testigo directo de lo que sucede.

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Todo gira en torno a un billete falso que un adolescente infiltra en una tienda de fotografía al no recibir la paga de su padre. Este billete se lo cuelan a su vez los propietarios de la tienda a un proveedor de gasóleo que se convierte en el protagonista del drama. Un humilde trabajador, casado, con hija que ve como pierde el empleo y a partir de entonces, una vez que se encuentra con la etiqueta colgada, su futuro está marcado para siempre con una cruz. Bresson igual que Tolstoi sabe mostrar perfectamente como el individuo que actúa mal no lo hace tan solo por una voluntad propia, sino que la sociedad es culpable directamente. Una visión nihilista en la que dentro de esta sociedad, no reina precisamente la bondad sino que nadie está libre de pecado, empezando por el acomodado adolescente, o siguiendo por los propietarios de la tienda.

Todo en la película tiene sentido, no hay un plano puesto sin motivo, sino que Bresson sabe perfectamente expresar de forma minimalista lo que otros necesitan llevarlo al rococó más extremo. Planos detalles, siempre fijos, en una cámara que no deja de observar la acción, y que se suman a un trabajo fenomenal del fuera de campo en el que los sonidos juegan un papel crucial en la narratividad.

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Una película perturbadora en la que demuestran como el ser humano es un ser propicio para la desconfianza y más cuando el dinero se pone de por medio. Un dinero que mueve a una sociedad hipócrita, capaz de condenar a cualquiera pero que a la vez es una sociedad podrida donde nadie puede escapar sin haber cometido errores. La última escena es perfecta para enseñar lo que Bresson ha concluido después de toda su vida: el hombre está condenado por la sociedad y ni la bondad de una señora de campo podrán corregirlo. En definitiva, un mundo avaricioso, individualista y peligroso.

Mi nota: 9

Ver en filminSin título-1

Lluís Muñoz

lmpandiella: “El cine no es más que un cortocircuito de luz entre dos eternidades de oscuridad”. El cine lo es todo, allí puedes encontrar la vida, la muerte, el llanto, la risa, la ilusión, la impotencia, los sueños… no falta nada!

Twitter:@Lmpandiella

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